Carmen Fumero / Eran casi las dos

Previo

La gente está muy cansada. Y si subimos una montaña o tenemos la meta en un mapa, podemos calcular cuánto queda, racionar la energía. Pero pasa que no hay mapa. Por eso hoy la decisión es comenzar con lo que a veces llega al final en forma de comentarios.

44ºC a mediodía en La Laguna durante dos días de calima. Lo que podría ser el inicio de un relato de ciencia ficción fue la realidad del pasado jueves 27, día de la nueva cita con Danza en Breve en el Teatro Leal, esta vez con Carmen Fumero y su pieza Eran casi las dos.

Circunstancia muy dura para el conjunto de profesionales, incluyendo artistas, equipo técnico y personal del teatro. Agravada por el hecho de sobra conocido de cómo en tales condiciones, la Sala de Cámara se transforma literalmente en un horno, en cuyo interior hubo de resistir un público paciente y sofocado, fuera del alcance de la luz de los focos, pero no de su temperatura.

Por desgracia, algunas personas de edad más avanzada tuvieron que abandonar la sala antes que terminara la obra. Entre ellas, la excepción de otras más jóvenes, que además decidieron que aquel era el mejor momento para expresar sus quejas en voz alta, con la obra más que comenzada (algo que la gente más mayor, más discreta, no hizo), otorgándose el derecho de colocar su opinión subida de tono entre el silencio delicado que la pareja de artistas llevaba ya rato trabajando y la atención de la audiencia.

Como si el resto de personas fuéramos insensibles al calor. Como si entre todas no hubiéramos decidido bancárnoslo, como dicen en Argentina.

Uno

Al margen de exabruptos desconsiderados, sí que es verdad que la gente está harta. Parece que nos sobra rabia y nos falta empatía. Pero por otro lado, al igual que se toman medidas antivirus con las que todo va genial, tal vez estaría bien al menos plantearse desde arriba la posibilidad de utilizar la sala principal del teatro en casos excepcionales, ya que se dispone de ella, al estar atravesando la primera alerta roja por calor en la historia del archipiélago. Digo.

Y no lo digo como opinión personal. Lo digo porque es al personal en sala a quien se nos pregunta y se nos exige. El personal, capaz de decidir bien poco, pero que es quien está presente y da la cara. Lo digo porque además de segura, la cultura ha de ser inteligente, o incluso culta. Y poder conversar sobre la posibilidad de cambiar de espacio por circunstancias excepcionales como ésta, aunque al final no se cambie, es un signo de altura y fortaleza que se está desechando en favor de otro, de cerrazón y fragilidad

Y como Danza en breve es un programa donde se baila, pero donde también se habla, es bueno que se refleje, ya que se dijo tan claramente.

Dos

Carmen Fumero + Miguel Ballabriga
Miguel Berrocal.

Carmen Fumero nos trajo esta pieza, que es un dúo puro y duro, ejecutado delicadamente con el ya mencionado Miguel Ballabriga, habitual en sus trabajos.

Ambas se adentraron en lo desconocido, componiendo lo que acabaría en este resultado mediante residencias artísticas en distintos centros de danza como Canal, hace ya seis años.

Descubrimos esto en la conversación final, de nuevo amena y reveladora, y de nuevo muy participativa. Los públicos que están haciendo Danza en breve cada vez nos alegran más con su curiosidad y sus apreciaciones.

Un comentario final que ayudó a interpretar grupalmente lo que en gran parte era aún sensación. Algo que por escrito nos viene bien decir al comenzar. En Eran casi las dos, además de lo que la pieza es en sí, encontramos un modo inteligente de presentar sus recursos dancísticos y escénicos. Así, la combinación de estas artificiosidades nos llega bajo una apariencia de naturalidad unitaria.

Esto se instaura pronto. Genera que quienes miramos, a pese al calor, tardemos poco en entrar en la propuesta, y una vez dentro estemos ya bajo el influjo de estos recursos que comentamos. Así la sensación compartida cuando la pieza ha arrancado y nos lleva consigo es la de estar participando de un código común.

Bueno, sí vale. Aquí se puede achacar que esto último es muy generalizador. “Eso se puede aplicar a todo el teatro y la danza”, me dirían. Ok. No lo negaré. Pero no a cualquier danza o teatro.

Muchos trabajos intentan presentar unos materiales compuestos a partir de un lenguaje propio, dando herramientas para que quien mira lo haga suyo. Conseguirlo es otro tema. Hacerlo con la naturalidad de Carmen y Miguel, como algo que nos ocurre mientras atendemos a otra cosa, es otro tema más.

Más aún es que como observantes aceptemos como propio ese lenguaje casi sin darnos cuenta. Así que tal vez haya algo en lo que estos artistas nos mostraron que más nos valdría aplicarnos.

Icebergs

Antes dijimos de Eran casi las dos que “es un dúo puro y duro”. Tal vez tú no me conoces, pero yo me tengo muy visto. Por eso se que aplicar frases hechas a lo que digo es como colocar icebergs de los que solo se ve la punta, donde tropezar. Porque, ¿cuándo es un dúo puro y duro? ¿Hay dúos impuros, blandos? En la edición pasada de Danza en breve, la propia Carmen Fumero bailó junto a Dani Abreu. ¿Era aquel menos dúo que éste?

Carmen Fumero + Miguel Ballabriga
Luis Castilla, Mes de Danza.

Códigos visuales

Nuestros códigos, tan manidos, hacen que una pareja hetero – genérica en escena sea casi difícil de ver. Está allá atrás, velada desde nuestras cabecitas por un aluvión de referencias culturales, románticas, incluso religiosas. Y nos perdemos los cuerpos, su presencia, el par que forman, sepultados bajo tanto arquetipo. Desde Adán y Eva a Romeo y Julieta, (o Leonardo di Caprio y Kate Winslet, ya que hablábamos de icebergs), el fantasma de lo binario viene a secuestrarnos la experiencia con su colinización Disney.

Por suerte, nos salva ese tiempo largo inicial con el que ya dijimos lo que Miguel y Carmen hacen respecto a implicarnos.

Su compromiso con esos movimientos como silencios compartidos, tejiendo, o más bien destejiendo cualquier capa que haga que interpretemos la pareja, en lugar de ver dos cuerpos, y sentirlos latentes y aplicados.

Mi tontería de dúo puro y duro tal vez nazca del impulso de querer nombrar esa preponderancia de lo corporal sobre lo intelectual. De cómo ante dos cuerpos en escena se nos abre automáticamente la puerta de lo narrativo, queriendo ver sobre todo una historia. Eso no está mal en sí. Pero sí es perjudicial si lo que imaginamos eclipsa lo que está ocurriendo.

A través de líneas de movimientos, (o desarrollando su movimiento en distintas líneas), como si el espacio estuviera configurado por calles invisibles, ambos cuerpos inician e instauran recorridos de ida y vuelta. Muchas veces paralelos, en profundidad. Frases que lentamente van variando.

Ahora con Carmen en la anterior y Miguel en la posterior, para que éste casi desaparezca.

Ahora cambiando ambos cuerpos de calle, en un juego de planos casi cinematográfico, es Carmen quien se compromete con cierta invisibilidad. Y que sea el cuerpo de Miguel el que crezca.

Un ejercicio que se ve roto por diagonales precipitadas de uno de y otra. Que da perspectiva al paralelismo establecido, definiendo burbujas efímeras a su final, donde Carmen o Miguel exploran mínimos solos.

Los cuerpos, en el contínuo de un flujo de frases, se desenvuelven para recogerse de nuevo. Ahí, sin desplazarse, cada cual encuentra el momento para autoexplorarse. Girar sobre sí con la mirada, que lanzada fuera y ya recuperada, gira ahora como un interrogante alrededor de la propia corporalidad, cuestionándola.

Una dinámica hipnótica, que rompe esas las líneas iniciales. No sabemos cuándo ha destruido aquel aluvión de referentes arquetípicos ya olvidado. Y con él, la posiblidad quedar atrapados en una narrativa convencional.

Sobre todo porque en esta dinámica física, sobre un mapa de espacios y tiempos conocido por la pareja, vemos bailar en muchos momentos a un solo ser, indistintamente en sus dos cuerpos.

Cosas cuánticas, teorías de cuerdas, gravitaciones

Carmen Fumero + Miguel Ballabriga
BSLG.

Las cosas que leo, los vídeos que encuentro, lo que me cruzo, me cruza. Y ahí voy, cruzado

Días antes de Carmen y Miguel, encontré en YouTube un vídeo donde una astrónoma habla en cinco niveles de profundización sobre la gravedad: empezando con una niña de primaria y terminando con un físico cuántico. Al final dejaré el enlace, por si alguien quisiera curiosear. Pero bueno, sigo.

Una arqueología viva de la danza

Lo hablamos al final. Si en algunos años cambiamos nuestras casas o nuestras costumbres, lo mismo le pasa a una pieza de danza. Revisitada y actualizada, es como un edificio que se va reconstruyendo sobre sus cimientos originales. Hay partes construidas recientemente. Otras que se han demolido, aunque su huella perdure. Y la sensación técnica, que se vuelve emocional al ver este trabajo, es que Carmen y Miguel trazan la pieza. La dibujan de nuevo ante nuestra mirada.

En lo coreográfico y compositivo es donde podemos quedarnos al pensar en líneas. Pero lo técnico se hace emoción al ver las dinámicas de sus cuerpos abarcar el espacio. Y ahí sentí la gravitación. No solo la objetiva, sino la otra. Esa que hace que Miguel y Carmen, relacionándose en el espacio, se acerquen y alejen casi con una lógica, precisamente gravitacional.

Como un sistema de atracciones e impulsos. Como si sus cuerpos-planetas orbitaran el uno sobre el otro, y a la vez sobre sí mismos. Variación de velocidades e intensidades. Bajando al suelo, pero definiendo constantemente líneas curvas que se frenan para que el cuerpo las recorra hacia atrás. En todo, la intuición de un centro electromagnético que estuviera siempre el el cuerpo del otro. Y esa sensación de estar viendo un sistema funcionar a través del movimiento de dos cuerpos.

Luces y sonido

Aunque el público no lo hubiera subrayado, es necesario mencionar la cuidada y acertada elección de sonoridad e iluminación de la pieza.

Un triángulo de neones cuelga sobre el espacio escénico. Encendido parcialmente en distintos momentos, sobre una luz sobria, respetó en todo momento la penumbra delicada. El conjunto toma el aire de intimidad sobre el que todo esto ocurre.

Una línea de luz final y el fulgor de su gran diagonal parte el espacio. Como si la rendija de una gran puerta se hubiera abierto. Esta última, invadiendo no solo invadiendo el espacio, sino modificándolo. Y con él las dinámicas y el juego propuesto hasta el momento, fugando el trabajo hacia otra posibilidad fuera de campo, a su fianlización.

Un diseño sutil y efectivo a cargo de Sergio García, ejecutado por Alfredo Díez Umpiérrez, alguien que está haciendo que poco a poco nos acostumbremos a ver trabajos hechos en Canarias con un tratamiento lumínico cuidado y efectivo

A ello se suma la sonoridad sin concesiones. Planeada claramente a partir de una única línea y mantenida a lo largo de la pieza:

Abstracta, sin melodías sugerentes. A partir de texturas de ruido que sin llegar a la estridencia nos hicieron viajar con ella y sus superposiciones.

Esa sensación de contínuo consigue cerrar el empaque de esta propuesta, elaborada en sus detalles, intensa y clara, que Carmen y Miguel nos regalaron.

Notas / Créditos

En esta ocasión no hay notas sobre la conversación final. Fueron tan valiosas que han quedado integradas en el texto. Gracias.

Cía. Carmen Fumero
Carmen Fumero y Miguel Ballabriga nos dijeron que presentará nueva pieza muy pronto en el Teatro Victoria de Santa Cruz.
¡Y esta vez será un trío!

Aparte de desearles lo mejor, recomendamos por aquí que no se la pierdan. Que se regalen momentos como éstos. Y que a la vez apoyen con su presencia a artistas y salas como el Victoria, resistiendo todos estos años para que tengamos lo mejor.

El vídeo que les dije!


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